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Guía de estilo, Meetings | 02 Septiembre 2018

Historia de la marca: Supreme

Supreme, nacida en el corazón del underground neoyorquino, se ha abierto paso, casi a su pesar, hasta las altas esferas de la moda y el lujo. La clave de su éxito: un principio de ventas formidable, un marketing vanguardista y un aura cool tan eficaz como su logotipo.

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El streetstyle y la cultura underground

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Todo comienza en 1994, cuando James Jebbia, un angloamericano expatriado a Nueva York, abre una pequeña tienda de artículos básicos y equipos de skate en Lafayette Street, en el corazón del barrio de Soho. Un hecho muy extraño en el universo de este deporte altamente codificado: él no practica el skate, pero se abrió paso en este barrio, entonces epicentro del skate neoyorquino, donde unos años antes había montado su propia tienda de streetstyle y trabajado en colaboración con el fundador de Stüssy, la marca emblemática de los skaters californianos.

Supreme ve la luz en pleno boom de las culturas underground neoyorquinas: el skate, el rock, el hip-hop, el cine independiente y el arte contemporáneo se encuentran en pleno auge, y sus actores más importantes encuentran un lugar de reunión en la pequeña tienda de la marca, cuyo logotipo se inspira principalmente en el famoso "compro luego existo" de la artista Barbara Kruger. Larry Clark también habría elegido a algunos de los actores de Kids en la tienda. Al margen de la trayectoria mundial de la moda, surgen los inicios del estilo dominante de hoy en día: camisetas con logotipos, sudaderas variopintas con capucha, referencias culturales ultra afiladas y un marketing minimalista y salvaje (pegatinas en las calles, carteles con celebridades como Kate Moss o Lou Reed vestidas de Supreme y vídeos poco convencionales), James Jebbia sienta las bases de la tendencia cool que conocemos hoy.

El boom de la reventa

Nadie habría dicho que esta joven marca se convertiría en el mayor fenómeno de moda de principios de siglo. Sin embargo, apenas diez años después de su nacimiento, Supreme se convierte en el emblema de una nueva tendencia: la reventa de prendas por Internet. En ese momento, James Jebbia no pretende obtener beneficios y, de todas formas, no cuenta con los medios necesarios para producir a gran escala. Por lo tanto, vende sus prendas en series muy limitadas, renueva sus artículos casi todas las semanas, y va creando, casi a su pesar, un fuerte ratio de oferta y demanda. Unos años después de su apertura, cada camiseta que sale de la tienda se convierte al instante en una prenda excepcional, y Supreme desarrolla poco a poco la imagen de una marca exclusiva. Sus fans, de todos los rincones del mundo, se hacen con las prendas en sitios de reventa desde el momento de su lanzamiento.

Como la marca solo cuenta con algunas tiendas (actualmente 11 en todo el mundo) y no se vende en tiendas multimarca, cada lanzamiento de nuevos productos supone un evento y atrae a cientos de clientes que, cada semana, hacen cola durante horas para asegurarse el derecho de entrada a las tiendas. Apenas unas horas después de estos famosos drops, los artículos están disponibles en Internet a unos precios que, en ocasiones, son diez veces superiores al precio original. En tan solo dos décadas, la pequeña marca confidencial de skaters neoyorquinos se ha convertido en pionera del marketing moderno, cuyo modelo está siendo copiado por numerosas marcas.

El aura hace la fuerza

Si Supreme se ha impuesto, con total discreción, como un peón estratégico en el tablero de ajedrez de la moda, es porque jugó un papel importante en la aparición del streetstyle de lujo y de las colaboraciones en cadena. La marca, que desde sus inicios se encuentra inmersa en las culturas underground, se rodeó rápidamente de los artistas más influyentes de la época, ofreciéndole una fuerte garantía tanto cultural como popular: Terry Richardson, Larry Clark, Takashi Murakami, Morrissey, Lady Gaga o Chloë Sevigny han pasado por las manos de James Jebbia, participando en la posición de la marca como emblema de la tendencia cool en todo el mundo. Hoy en día, podemos considerar a Supreme como una de las pioneras de la colaboración en el mundo de la moda, con artículos firmados por marcas como Vans, The North Face, Nike, Levi’s o Champion, todas reconocidas como expertas en su campo. Pero James Jebbia no solamente navega por la ola de las colaboraciones, sino que se apropia de modelos emblemáticos que han demostrado su valía y marca con su logotipo objetos arquetipados de la vida diaria, como una cantimplora, un mechero, un pie de cabra, un martillo o un ladrillo. Supreme está por todas partes, más que una marca es un modo de vida.

En 2017, la marca llevó a cabo un golpe maestro y contó con el emblema de Louis Vuitton, una colaboración histórica que firma una pasarela definitiva entre el streetstyle y el mundo del lujo. Irónicamente, unos años antes, Louis Vuitton había intentado iniciar un procedimiento contra Supreme por haber imitado su logotipo en una tabla de skate. Algunos adeptos reprochan a la marca haber vendido su alma al diablo, otros la acusan de tener un descarado cinismo. La simbología siempre habla por sí misma: hoy en día, una marca procedente de la cultura underground puede destronar a las firmas de moda más importantes del mundo, y cambiar radicalmente por sí misma el ritmo de la moda.