Marc Jacobs, carismático e insólito.
Fun, trashs y chics: así define el mismísimo Marc Jacobs sus colecciones. En treinta años, este genial diseñador ha conocido un ascenso fulgurante dejando su huella casual e irreverente en todos los ámbitos de la moda femenina y masculina, desde el prêt-à-porter hasta los accesorios, pasando por la belleza.
Un joven talento con agallas.
Apasionado de la moda desde siempre, no es sino de manera natural que el neoyorquino Marc Jacobs dirija sus pasos una prestigiosa escuela, la Parsons school of design. Allí se graduó en 1984, con mención de excelencia gracias a su proyecto de fin de carrera, una colección tejida a mano de jerséis oversize con smileys en rosa brillante. Justo después conoció al hombre de negocios Robert Duffy, con el que fundó Jacobs Duffy Designs Inc. La colaboración permitió que el diseñador presentara su primera línea de ropa y, al mismo tiempo, ganara el Perry Ellis Award concedido al mejor joven talento. Desde el año 1989, los socios se encargan de la dirección artística de la marca americana del mismo nombre, pero la colección grunge que Marc Jacobs crea allí a principios de los años 90 divide a los críticos. Despiden a Marc Jacobs en 1992, pero esto no impide que los críticos de moda lo adoren. Contra toda expectativa, algunos meses más tarde recibe el premio al diseñador del año -un acontecimiento histórico, que lanzará definitivamente la carrera del joven prodigio-.
Desde entonces, el genial creador ha lanzado numerosas marcas, siempre con el mismo éxito. De este modo, hemos podido descubrir su identidad fun, trash y chic mediante Marc Jacobs para el prêt-à-porter de alta costura, Marc by Marc Jacobs para la moda más casual y accesible, Little Marc Jacobs para niños o, más recientemente, Marc Jacobs Beauty para el maquillaje. La marca Marc Jacobs también presenta líneas de calzado, bolsos, gafas, relojes, joyas y perfumes.
Entre la elegancia Vuitton y la relajación Jacobs.
La carrera del diseñador con más premios de la historia está estrechamente ligada a la casa Louis Vuitton, para la que colabora como director artístico durante dieciséis años. Influido por las obras de artistas como Yayoi Kusama, Takashi Murakami o Stephen Sprouse, renueva alegremente el famoso monograma francés. En paralelo a esta aventura, finalizada en 2013, Marc Jacobs sigue desarrollando su imperio, hoy en día compuesto por unas 280 tiendas implantadas en unos sesenta países. Al lado de la guionista y realizadora Sofia Coppola, Marc Jacobs cosecha su mayor éxito. El espíritu «arty» de su musa y amiga refleja a la perfección la esencia de la marca americana: imprevisible, enérgica y lúdica, a veces insólita, pero siempre visionaria. Como un guiño insolente a los códigos del lujo que se da el gustazo de transformar, su última musa no es otra que Frances Kobain, hija de la pareja grunge formada por Courtney Love y el líder del grupo Nirvana.
Al seducir a famosos tan diferentes como Victoria Beckham y Jared Leto, Marc Jacobs encadena colecciones impertinentes y no está dispuesto a dejar de sorprendernos. Entre sus piezas icónicas:



























































